Opinión


El discurso moral de la Cuatroté

El discurso moral de la Cuatroté | La Crónica de Hoy

Después de la chica quién es quién en la infodemia, la cual es sustraída de la prensa porque desvirtúa los logros conseguidos por la 4T, y que hoy tomó como modelo a la primera plana de ayer del Reforma, el presidente López Obrador, en la Mañanera, conminó desde su púlpito a las clases medias para que se vuelvan más humanistas y exaltó los valores morales del “México profundo”.

Por eso subrayó que la cultura es más importante que la educación. Sin embargo, va una claridad: para el antropólogo francés Lévi-Strauss (1908-2009) cultura es todo, un sistema de comunicación, o sea, el lenguaje, lo que implica el sistema de parentesco, la manera en que comemos, en que despedimos a los muertos, la universal prohibición del incesto, el concepto de belleza de cada grupo humano, etcétera.

Es decir, resulta inherente a cada grupo humano cohesionado por costumbres, creencias y conceptos compartidos. La educación constituye otro asunto. Se trata de la formación intelectual de los individuos, de la transmisión de conocimientos.

Entro aquí en un terreno complicado, en el que entiendo “educación” como instrucción, enseñanza, escuelas. Es decir, la cultura se absorbe en el medio social en que se ha crecido y la educación se obtiene. Si la cultura necesariamente se absorbe, la educación, no. También aquellos que forman el “México profundo” precisan de instruirse todo lo posible para defender, si es necesario, su cultura particular.

Por otro lado, el término humanista es amplio y persigue varios significados, pues se refiere al que sigue estudios clásicos de las letras y la filología grecorromana y, a veces, como lo emplea el creador de la Cuarta Transformación, a una actitud que concibe los valores de los seres humanos. En su percepción, me imagino que aludirá a valores cristianos. Pero en su origen, humanismo consistía en un programa educativo y literario, que terminó por incorporarse a distintos pensamientos filosóficos.

El caso estriba en que el presidente López Obrador se refirió a los valores morales del “México profundo”, para diferenciarlos de las clases medias tan aspiracionistas. No mencionó a los ricos y a su mundo. Recomendó la lectura de Las venas abiertas de América Latina (1971) del escritor uruguayo Eduardo Galeano (1940-2015), un libro, para mí, rebasado por la historia, en el que abunda sobre la explotación de Europa y Estados Unidos dentro del territorio latinoamericano, desde el siglo XVI hasta el siglo XX. Creo que el presidente y muchos en su gabinete, aún abrevan de esas aguas de la izquierda en América Latina, amenazada por los Estados Unidos y utilizada y sometida por Europa, izquierda de hace cincuenta años, más o menos.

Todo esto me conduce a la conferencia dictada por Marx Arriaga, y su filípica moralista. Luego de haber sido director general de bibliotecas, el doctor Arriaga se encarga ahora de dirigir Materiales Educativos, es decir, forma los libros de texto en la Secretaría de Educación Pública.

En un discurso dirigido a docentes de la Escuela Normal de San Felipe del Progreso, en donde se desdijo de Mijael Bajtín, a quien suele citar, sancionó el placer de la lectura en aras de leer sólo para cambiar al mundo. Leer por placer, para él, resulta infantiloide, consumista, capitalista. ¿Cómo leer a Rabelais y a Cervantes, tan divertidos, a quienes Bajtín dedica todo un libro, La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento (1965 en su primera publicación)?

Me imagino que el doctor Marx Arriaga habrá preferido sumergirse en la lectura de Las venas abiertas de América Latina antes que en una deliciosa novela como En nombre de la rosa (1980) del italiano Umberto Eco (1932-2016) y llevada al cine en 1986. En esta historia, que ocurre en el siglo XIV, el meollo de una serie de asesinatos, cometidos en una abadía italiana, es un libro prohibido que aborda, “peligrosamente”, la risa.

En su citada conferencia a los normalistas, Arriaga aludió a la pandemia del Covid 19, como un disparador más para afectar los valores morales. Se refirió al clasismo y racismo que surgen de las medidas de sana distancia. Mencionó al respecto a los santos que abrazaban a los enfermos. Lamentó que no se hubiera reflexionado sobre los problemas sociales durante el confinamiento. Alabó al presidente López Obrador cuando, en su primer decálogo para enfrentar el coronavirus, el 13 de junio del 2020, dijo: “La felicidad no reside en la acumulación de bienes materiales, ni se consigue con lujos y extravagancias o frivolidades. Sólo buenos podemos ser felices”. ¡Alabados sean los dioses!

 Y sin embargo, Marx Arriaga sacó de su oficina a Daniel Goldin, reconocido editor y escritor, para ocuparla él, cuando Goldin todavía era director de la Biblioteca Vasconcelos y a Arriaga lo habían nombrado director general de bibliotecas. Ese lugar le gustaba a él y Goldin tuvo que mudarse al sótano de la Vasconcelos.

Para concluir, cito a Marx Arriaga:

Quédate en casa es una imposición para esperar, no para cuestionar el sistema o a que se investigue en lecturas (…) “El virus ha derrotado a la fe” (…)

“La narrativa de la resurrección, de la compasión y la conmiseración quedan totalmente desbancadas por la ideología de la supervivencia”.

¡Sácatelas!

 

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