Opinión


Elecciones, Swedenborg y demás digresiones

Elecciones, Swedenborg y demás digresiones | La Crónica de Hoy

Abrumada por los porcentajes de cuánto ganó cada partido preponderante, quiénes lograron desbancar a la mayoría calificada en la Cámara Baja, qué territorio pertenece a qué partido político, cuántas gobernaturas perdió el PRI, los colores que permean partes de la república mexicana y de la Ciudad de México divida entre la coalición PRI, PAN y PRD y MoReNa, lo que ayer opinaban unos y hoy otros, quisiera dedicarme de lleno, como un “antes” que se me perdió, en la literatura. Leer y escribir lo mío, malo o bueno.

Pero no puedo abstraerme de lo que ocurre en mi país con respecto a las elecciones medias del 6 de junio. No hay duda de que un montón de acontecimientos de otra índole o relacionados se registran también en la prensa: la violencia, los candidatos que han sido asesinados, las especulaciones sobre si son los menos beneficiados los que votan por el partido del señor presidente, que, fuera, de sus dádivas clientelares, no entiendo por qué lo apoyan, si ha crecido el número de pobres, no sólo por la pandemia, sino por el manejo de la economía y un largo etcétera. Hoy me entero que Arturo Herrera será propuesto como gobernador del Banco de México, pero no se dice quién ocupará en su lugar la Secretaría de Hacienda.

Da igual, creo yo, el que ocupe el puesto vacante, por bueno que sea en lo suyo, tendrá que complacer al presidente Andrés Manuel López Obrador, ajustarse a sus exigencias, porque, en cuanto a presupuesto, el seguirá siendo el mero mero petatero.

Mi celular me informa que Ramírez de la O presidirá Hacienda. Es doctor en economía por la Universidad de Cambridge. Wow! Suena bien, seguro navegó en el río Cam, afluente del río Gran Ouse, que atraviesa la ciudad de Cambridge. Caminó también las calles medievales de aquel extraordinario enclave universitario y algún día soñó con ser Secretario de Hacienda de México, mientras vivía para el estudio. No puede haber nada más extraordinario que vislumbrar Trinity College en la noche navegando en esa suerte de góndolas británicas, que, por mediante un largo mango,  se hinca en el suelo del río para avanzar .

Ustedes perdonen tanta digresión, pero para mí, leer las noticias, incluso perseguirlas, es como abrir una novela, de esas que parten de una cosa para llegar a otra. “La digresión es la vida de la prosa”, más o menos así apuntaba el gran escritor mexicano Salvador Elizondo. Piensen en Balzac, en Marcel Proust, no se diga en Lawrence Sterne y su Tristram Shandy (1759), ejemplo de la novela de digresión.

Y así, señoras y señores, nos topamos con la novela de la vida y máxime con la novela de la política. Movimiento Ciudadano se ha posicionado (es el único partido político que me gusta), el Partido Verde Ecologista continúa y gana partidarios (no sé cómo demonios). El presidente López Obrador, ante la pérdida de su mayoría calificada en la Cámara de Diputados, invita al PRI a unirse con Morena. ¿Dónde habremos estado cuándo eso sucede? Lo pregunto porque antes, cualquier crítica  sobre  MoReNa que uno procurara en las redes, siempre siempre siempre aparecía un seguidor de López Obrador que preguntaba inquisitivamente que ¿dónde se encontraba uno cuando ocurrieron todos los desmanes del PRI? ¿Y ahora, qué inquirirán? ¿O cómo?

El verdadero argumento de los comicios y sus resultados es haber ganado espacios, seguidores, votantes, poder. El meollo estriba, por parte del gobierno actual, en imponer los cambios de la Cuarta Transformación, leitmotiv del presidente de México, sin el cual nada tendría sentido, no importa que nadie entienda en que consiste dicha transformación ni a quién beneficia. En realidad, creo yo, es como un concepto platónico. Si se nombra a la cosa, la cosa existe. “Todo el Nilo en la palabra Nilo”, decía Jorge Luis Borges, seguidor del sueco  Emanuel Swedenborg (1688-1722), como muchos poetas del simbolismo francés.  La palabra se convierte en el alma de las cosas, como ocurre en el mundo de las ideas de Platón.

¿Sabrá esto Andrés  Manuel López Obrador?

La verdad, no importa que lo desconozca. Él apuesta por la transformación cualquiera que ésta sea. Lo suyo es fundacional, el origen, un Big Bang histórico y político, que supongo nos llevará tiempo desentrañar, porque, hasta ahora, no le veo pies ni cabeza.

Después de las votaciones llevadas a cabo en los comicios del domingo, impecablemente organizadas por el INE, al que tanto atacó el presidente, pronto vendrá  la revocación de mandato, después de juzgar a los expresidentes (todos los que no pertenecieron a MoReNa, los neoliberales, los equivocados). Hacia final de año, los ciudadanos podrán recopilar firmas para acabar o no con la presidencia de Andrés Manuel López Obrador.

Claro que otro interés primordial, y así se resucita al pasado, es quién podría suceder a Andrés López Obrador. ¿Claudia Sheimbaum, la hija putativa del creador de MoReNa, cuyo proceder, después de la elecciones, el propio progenitor político pone en tela de juicio por no haber hecho trabajo con los habitantes de la Ciudad de México? ¿Marcelo Ebrard, nuestro canciller, situado en la mira de muchos por la pésima construcción de la Línea 12 del Metro? ¡Qué poco amable es la política, siempre sometida a los vaivenes de los que ocurre! Yo, en lo particular, apuesto por lo inesperado, como en una trama novelística.

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